sábado, 24 de marzo de 2012

Micro-esculturas de Willard Wigan

Hay obras de arte tan grandes, que ocupan la bóveda entera de una capilla. Este tipo de piezas monumentales son verdaderamente impactantes y debieron costar mucho talento y esfuerzo para ver la luz. Pero existen otras obras que por el contrario, resaltan por su diminuto tamaño, la cantidad de detalles que pueden portar en tan pequeño espacio y al igual que las primeras, el talento tan grande que poseen sus creadores para darles vida.


Si es posible crear una escultura en la punta de un lápiz, debe ser posible crear piezas que quepan en el ojal de una aguja. O al menos, eso es lo que pensó el artista inglés Willard Wigan antes de intentar -y conseguir- meter esculturas detalladas sobre diversos objetos y personajes de la vida diaria en el ojo de una aguja.

Cómo se puede comprobar en la galería, para apreciar el arte de Wigan se debe tener una vista en perfecto estado. De hecho, las piezas que se encuentran a la venta incluyen soportes con lentes e iluminación poder ver los detalles de la obra en su totalidad. En Monkeyzen les hemos hablado varias veces de creaciones en miniatura, pero las piezas de Willard Wigan rompen completamente con el estándar y muy rara vez superan el tamaño de los glóbulos rojos que viajan por nuestras venas.






El artista utiliza un microscopio común para tallar las micro-esculturas, además de herramientas muy finas como hojas quirúrgicas y un pulso de acero para no estropear sus creaciones con movimientos abruptos. Contrario a lo que algunos pensarían, las esculturas de Wigan toman casi tanto tiempo como el arte a tamaño real ya que en promedio,requiere de ocho semanas para terminar cada pieza. Los materiales con que son creadas van desde nylon y granos de arena, a fibras de polvo, oro y telaraña de araña. Por si el tamaño de la obra final no fuera de por sí asombroso, el artista sorprende a propios y extraños al confesar que utiliza el pelo de una mosca muerta para pintar las piezas.




"Todo comenzó cuando tenía 5 años de edad. Empecé haciendo casas para hormigas porque pensé que ellas necesitaban un lugar para vivir. Después les hice zapatos y sombreros. Era un mundo de fantasía al que yo escapaba dónde mi disléxia no me retenía y donde mis maestros no me criticaban. Así es como mi carrera como micro-escultor comenzó."






No cabe duda que tanto su trabajo, como su talento no tienen límites.