viernes, 16 de marzo de 2012

La Luna, nuestra fiel Compañera


Sin la existencia de la Luna la vida no existiría tal y como la conocemos en la Tierra.




Sin su satélite los días de la Tierra durarían solo ocho horas y habría vientos continuos de hasta 160 km/h.
Lleva miles de millones de años siendo la compañera de viaje de la Tierra. Quizá por ello, por la costumbre de verla casi cada noche en el cielo, haya quien ya no le otorgue la importancia que merece. Sus 38 millones cuadrados de superficie son incapaces de albergar vida, pero es seguro que de no estar ahí la que se originó la Tierra nunca se hubiera desarrollado tal y como la conocemos. Quizá incluso, ni hubiera existido.





El origen más compartido del satélite terrestre se basa en la ‘Teoría del gran impacto’, según la cual la Luna se formó hace 4.500 millones de años tras el brutal choque entre la Tierra y un supuesto planeta del tamaño de Marte denominado Theia. Estaría compuesta, pues, por material de ambos mundos. Se ha formulado incluso la creación a raíz de este encontronazo de dos lunas y no una. La segunda se habría destruido en una nueva colisión contra el planeta o incluso contra su hermana gemela.










Video de la Formación
de la Luna




















Otra teoría muy interesante: La Luna es Artificial





El impacto positivo de la Luna sobre la Tierra es un hecho probado. Tanto que su desaparición acarrearía cambios dramáticos en el actual hábitat terrestre. Una de las primeras consecuencias que produjo su aparición fue la de las mareas. Estas se producen en su mayor parte por el tirón gravitatorio lunar, que atrae hacia sí la cara de la Tierra que en cada momento tiene más cercana.

Se cree que en el instante de su nacimiento la distancia entre el satélite y el planeta era de menos de 30.000 kilómetros por los 380.000 actuales. Esta cercanía provocaba que las mareas fueran hasta mil veces más potentes que las actuales y alcanzaran el tamaño de tsunamis. Precisamente, estas olas gigantes jugaron un papel básico en el origen de la vida, al arrastrar a los océanos los sedimentos y las sustancias químicas que sirvieron como ingredientes para el caldo primordial en el que surgieron los primeros microorganismos.

Otra de las repercusiones más destacadas se produjo en el grado de inclinación terrestre, que se mantiene actualmente estable en 23,5 grados debido al efecto de agarre que ejerce la Luna. De desaparecer este último, lo haría también el equilibrio del globo, lo que conllevaría constantes cambios climáticos (glaciaciones, sequías, inundaciones, ...). Se calcula que las grandes glaciaciones se produjeron por una variación de un grado. Sin luna, la desviación sería incalculable.
Sus efectos también influyen en la velocidad de rotación.Sin el freno al que le somete su satélite, el planeta giraría sobre sí mismo a una velocidad mucho mayor. Se estima que un día pasaría a contar con solo ocho horas, con apenas cuatro de ellas de luz solar. Y a cuanta más velocidad los vientos no solo se harían perpetuos, sino que además incrementarían su intensidad hasta alcanzar los 160 kilómetros por hora.

Al margen de sus virtudes físicas, a lo largo de la historia el hombre también ha sabido sacarle provecho a su luna para ampliar su conocimiento. Así, Galileo descubrió en su superficie montes y cráteres que corroboraron la existencia de otros mundos semejantes en el espacio exterior, e invalidaron la física aristotélica vigente durante 20 siglos que defendía que el resto de astros eran formaciones geométricas perfectas; Newton tomó en cuenta las peculiaridades del movimiento lunar alrededor del planeta para formular la Ley de la Gravitación Universal y también gracias a ella surgió la idea de construir satélites artificiales alrededor de la órbita terrestre.


Satélites como el marciano de Fobos están condenados a la destrucción precipitándose contra su planeta. La Luna, en cambio, recorre el camino contrario. La fricción de las mareas frena la rotación de la Tierra alargando sus días. Y este mismo efecto produce que la Luna se vea empujada poco a poco fuera de la órbita terrestre.
Según los cálculos de la NASA, se aleja 3,8 centímetros por año, una distancia insignificante para una vida humana pero muy importante en los miles de millones de años que dura la de un astro. Pero lo más probable es que no llegue el día en el que Tierra vuelva a encontrarse sola en la inmensidad del Universo. Antes, el Sol afrontará la penúltima etapa de su vida convirtiéndose en una gigante roja y destruyendo en su agónico avance tanto a la Tierra como a su luna.


Video de la Nasa, Tour Lunar: 




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