lunes, 2 de diciembre de 2013

Los niños ‘bacha bereesh’, los juguetes sexuales de los caudillos mujahedines afganos

La homosexualidad tradicionalmente está prohibida por la ley islámica.

El Corán es muy explícito en su condena. Existe un cierto consenso entre la mayoría de los juristas islámicos en que la homosexualidad contraviene la Sharia o ley islámica, considerándola no solo un pecado sino un delito punible. No existe un castigo específicamente estipulado y depende de la interpretación de las distintas escuelas jurídicas existentes que va desde la pena de muerte hasta una simple multa, latigazos o encarcelamiento. Pese a lo que diga la ley todos sabemos la existencia de un universo gay clandestino musulmán o que muchos países islamistas ofrecen turismo gay en forma de guetos.

Con esa doble vara de medir la práctica, llamada “bacha bazi” -literalmente “juego de niños”-, tiene una larga historia en el norte de Afganistán. Se trata de vestir a chicos adolescentes como niñas para que bailen en fiestas y actos sociales delante de sus caudillos, por lo general ex líderes militares y comandantes mujahedines. Son los "bacha bereesh" (niños sin barba). Convertidos en esclavos sexuales a los que les dan regalos y los mantienen en calidad de “queridas” para su disfrute personal. Cada niño compite por ser el mejor. Se visten con ropa de mujer, se maquillan la cara y se pintan los labios, adornan su cuerpo con campanillas en los pies y hasta se ponen senos artificiales.

Ser dueño del niño más atractivo y del mejor bailarín es un símbolo de estatus. Este tipo de eventos se realizan en Pul-e Khumri y sus alrededores una vez por semana, donde se hacen competiciones exponiendo a los menores como si fueran trofeos. “Tener un niño se ha convertido en una costumbre para nosotros. Quien quiera presumir, debe tener un niño”, afirma orgullosoEnayatullah, un terrateniente de 42 años de la provincia de Baghlan.

Este hombre también explicó que su esposa le abandonó por frecuentar demasiado el dormitorio de su esclavo sexual: “Estuve casado con una mujer durante 20 años pero me dejó debido a mi chico. Me iba con él todas las noches. Estoy feliz con mi decisión, porque estoy acostumbrado a dormir y prefiero entretenerme con mi joven chico,” añadió. 



Mohammad Yawar, un ex combatiente mujahedín, mantiene a un chico de 15 años para que le ayude en el trabajo. “Yo le di un techo donde quedarse. No tengo esposa. El es como mi lo fuera. Lo visto con ropa de mujer y duerme a mi lado. Lo disfruto y él es mi vida. Disfruto muchísimo abrazando a un niño. Su aroma y fragancia me mata”, asegura.

Son demasiados los casos de jóvenes que se ven abocados a esta práctica para sobrevivir “Yo tenía apenas 14 años cuando un ex comandante uzbeko me obligó a tener relaciones sexuales con él,” cuenta Shir Mohammad, de la provincia de Sar-e Pol. “Tiempo después, abandoné a mi familia y me convertí en su secretario. He estado con él durante 10 años. Ahora soy un adulto, pero él todavía me quiere y duermo con él”, añadió.

La vida de estos jóvenes es tan dura y no conocen otra realidad así que su sueño es imitar el comportamiento de sus dueños cuando sean adultos. Ahmad Jawad, de 17 años, convivió con un acaudalado hacendado durante los últimos dos años. “Estoy acostumbrado. Amo a mi señor. Me gusta bailar y actuar como una mujer y tocarme con mi dueño,” comenta. Cuando se le consulta qué haría cuando sea mayor, el adolescente dijo que “una vez que crezca, seré dueño y tendré mis propios chicos”.

Cuando estos jóvenes superan la mayoría de edad empiezan a dejar de ser tan atractivos para sus dueños y buscan labrarse un futuro. Es el caso de Shir Mohammad, de 24 años, cree que ‘se estaba quedando viejo’ para ser bailarín: “Soy adulto ahora y no tengo la belleza de años atrás. Así que propuse casarme con la hija de mi señor y él accedió,” comenta con naturalidad.

Muchos residentes locales han pedido una ofensiva contra esta práctica pero se muestran escépticos de que funcione ya que estos caudillos son poderosos y están bien armados. Jahan Shah, quien vive en Pul-e Khumri, ha pedido al Gobierno y los oficiales de seguridad que tomen cartas en el asunto contra estos actos a los que califica de inmorales y contra el Islam: “Si no detienen esto, se convertirá en una costumbre y ciento de otros niños se verán involucrados,” afirma.

La policía en el norte del país de Afganistán asegura que están realizando esfuerzos para arrestar a los involucrados. “Es triste decir que esta práctica ocurre desde hace muchos años,” comenta el general Asadollah Amarkhil, el encargado de seguridad de la provincia de Kunduz pero la pobreza, extendida en Afganistán tras casi tres décadas de guerra, causó la docilidad de los adolescentes y que esta práctica le salve de morir de hambre y frío.

El fiscal principal de Baghlan,Hafizullah Khaliqyar, asegura que ya hay, al menos, 25 caudillos detenidos acusados de actos inmorales y los que sean declarados culpables se enfrentan a una condena de 15 años de prisión.

Algunos de los hombres detenidos dijeron que no están interesados en las mujeres. “Sabemos que es inmoral y va en contra del Islam, pero ¿cómo podemos dejarlo? No nos gustan las mujeres, sólo queremos chicos,” afirma Chaman Gul, de 35 años y de la provincia de Takhar.