jueves, 24 de enero de 2013

Cibercondría, la enfermedad de la Internet

La World Wide Web proporciona, como ocurre en muchos otros ámbitos, el acceso a una abundante fuente de información médica. Esta información, sin duda, puede ayudar a las personas a entender mejor tanto la salud como la enfermedad. Sin embargo, esta puerta abierta en Internet tiene el potencial de aumentar las ansiedades de las personas que tienen poca o ninguna formación médica, sobre todo cuando la web se emplea como un procedimiento de diagnóstico basado en unos hipotéticos síntomas. Este binomio de exceso de información, por un lado, y de falta de suficiente criterio para su gestión, por otro, puede generar un nuevo tipo de enfermedad que se ha bautizado como cibercondría por su parentesco con la hipocondría.

La cibercondría es un término acuñado por los investigadores Ryen White y Eric Horvitz de Microsoft Research para referirse a la escalada de infundada preocupación que pueden generar unos determinados síntomas como resultado de la búsqueda en la literatura médica que se puede encontrar en internet.

¿Qué me pasa, webtor?

Esta creciente preocupación puede culminar con un nuevo tipo de ansiedad. White y Horvitz han realizado un amplio estudio sobre la experiencia de cómo la gente busca información sanitaria en la red, frecuentemente debido a unos síntomas comunes que la mayor parte de las veces son benignos, como puede ser un dolor de cabeza, y que luego pueden ser interpretados erróneamente como muy graves, por ejemplo, un tumor cerebral. Sus resultados muestran que los motores de búsqueda en la web tienen el potencial de provocar una escalada innecesaria de información que va mucho más allá de lo que inicialmente se pretende. Esta escalada está influenciada por la cantidad y distribución de contenido médico al que pueden acceder los usuarios; la presencia de una terminología en las páginas visitadas que puede inducir a la hipérbole de los síntomas; y a una predisposición magnificadora del usuario frente a explicaciones más razonables para las potenciales dolencias, si es que las hay.

Más calidad y educación.

Está claro que en un tema tan sensible como la interpretación de la salud sólo hay dos formas de paliar estos efectos tan negativos: una mejora –ya que el control es imposible– de las fuentes informativas en su origen y sobre todo una mayor educación sanitaria de la población que posibilite el discernimiento.

De todos modos, hemos de tener claro que por mucha información que esté a nuestro alcance, nunca se deberá sustituir la relación de confianza entre médico y paciente.


Fuente: MI